La arquitectura de hoy tiene un papel clave en el bienestar de las personas mayores. A medida que la sociedad evoluciona, también lo hacen las necesidades de quienes envejecen, y con ellas, la forma en que diseñamos los espacios donde vivirán. Las residencias del siglo XXI ya no se conciben como lugares de espera, sino como entornos donde las personas puedan seguir desarrollando su vida con autonomía, dignidad y seguridad.
El concepto de envejecimiento activo, impulsado por organismos internacionales y cada vez más presente en políticas públicas, se traduce en un nuevo enfoque arquitectónico. Uno que apuesta por espacios cálidos, accesibles, eficientes y conectados con la comunidad.
Nuevos modelos residenciales
Los centros diseñados hoy se alejan del modelo institucional tradicional para adoptar una estructura basada en unidades de convivencia más pequeñas, similares a un hogar, donde los residentes comparten sala, comedor y zonas comunes en grupos reducidos. Esta configuración mejora la calidad de vida, reduce el aislamiento y fomenta la participación en las rutinas diarias.
Además, el diseño busca potenciar la movilidad segura, el acceso a zonas verdes y la luz natural, así como favorecer la intimidad y el descanso mediante un mayor número de habitaciones individuales. Todo ello en equilibrio con una gestión funcional y sostenible del edificio.
Nuestra experiencia
En MAD llevamos años trabajando en proyectos que dan respuesta a este nuevo paradigma. Residencias como las de Vera, Valdeolmos, Roa o El Puerto de Santa María son ejemplos de una arquitectura que cuida de quienes cuidan y pone a la persona en el centro del diseño.
Cada proyecto es una oportunidad para transformar lo asistencial en humano, lo técnico en cotidiano, y lo institucional en habitable. Espacios pensados para convivir, compartir y vivir con calidad. Porque creemos que la arquitectura, cuando es responsable, tiene el poder de mejorar vidas.
