En un mundo cada vez más urbanizado, volver a conectar con la naturaleza desde la arquitectura no es una tendencia estética, sino una necesidad funcional, emocional y ambiental. El diseño biofílico —es decir, el que incorpora elementos naturales en los espacios construidos— está transformando la forma en la que concebimos centros sanitarios, residencias, equipamientos públicos y espacios comunes.
La luz natural, la ventilación cruzada, el uso de materiales orgánicos, la presencia de vegetación y las vistas al exterior no solo generan ambientes más agradables: también reducen el estrés, mejoran la salud mental y aumentan la productividad y la calidad de vida.
Biofilia aplicada al espacio público
Cuando hablamos de diseño biofílico en espacios públicos o asistenciales, hablamos de introducir patios ajardinados, terrazas habitables, recorridos luminosos, zonas de descanso con vistas, fuentes de agua, acabados naturales o mobiliario que dialogue con su entorno.
En una residencia de mayores, por ejemplo, un jardín central puede convertirse en el corazón del edificio; en un centro de salud, una sala de espera iluminada y con vegetación mejora la experiencia del paciente. Y en una plaza pública, el verde urbano aporta frescura, sombra y encuentro.
No se trata de “decorar” con plantas, sino de pensar el espacio desde una relación activa con la naturaleza.
Nuestra experiencia
En MAD aplicamos principios de diseño biofílico en muchos de nuestros proyectos dotacionales. En la Residencia de mayores de Vera, por ejemplo, el diseño se organiza en torno a jardines interiores terapéuticos, concebidos no solo como espacios estéticos, sino como elementos centrales en la experiencia del residente.
Esta conexión con lo natural también está presente en proyectos en entornos rurales, donde la arquitectura se adapta al paisaje, al clima y a los ritmos del lugar, potenciando el equilibrio entre lo construido y lo vivo.
